jueves, 1 de mayo de 2025

¿Y si Álvaro Gómez Hurtado hubiera sido presidente? Una oportunidad perdida que aún nos pesa.

Por: @faberriom

¿Y si Álvaro Gómez Hurtado hubiera sido presidente? 
Una oportunidad perdida que aún nos pesa.


La historia política de Colombia está marcada por oportunidades perdidas, y una de las más dolorosas para muchos fue no haber elegido presidente a Álvaro Gómez Hurtado. Intelectual, periodista, diplomático, y líder político conservador, Gómez Hurtado representó una visión del país que hoy, en medio de múltiples crisis, muchos consideran que hubiera cambiado el rumbo de la nación.

Álvaro Gómez no era un político tradicional. Su pensamiento trascendía los esquemas partidistas y se enfocaba en la necesidad de un cambio estructural en el Estado colombiano. Fue uno de los primeros en advertir que la crisis no era solo coyuntural, sino sistémica. Su propuesta del "Acuerdo sobre lo Fundamental" no era una simple consigna electoral; era una invitación a repensar las bases de la convivencia nacional, la justicia, la economía y el poder político.

Colombia atraviesa una crisis profunda: desconfianza institucional, polarización extrema, inseguridad creciente y una ciudadanía desencantada con sus gobernantes. En medio de este panorama, vale la pena mirar atrás y preguntarse: ¿cómo sería el país hoy si Álvaro Gómez Hurtado hubiera llegado a la Presidencia?

No es nostalgia vacía. Gómez Hurtado no era un político cualquiera. Fue un hombre con una visión de Estado sólida, una formación intelectual profunda y una propuesta seria para transformar el país desde sus raíces. Su famosa idea del “Acuerdo sobre lo Fundamental” era una invitación a dejar atrás los odios partidistas y construir un pacto nacional que reformara la justicia, la política, la economía y la educación.

Pero Colombia no lo eligió. Fue candidato tres veces (1974, 1986 y 1990), y en todas enfrentó el peso de las maquinarias, los miedos y el clientelismo. Y cuando aún tenía voz, fue silenciado: asesinado en 1995 en un crimen que, décadas después, se reconocería como un crimen de Estado.

Hoy, muchos ven en su ausencia una de las grandes oportunidades perdidas de nuestra historia reciente. Porque lo que él proponía -diálogo, institucionalidad, y sentido de país- es exactamente lo que más nos hace falta.

Mientras seguimos buscando líderes que piensen más allá de los próximos cuatro años, el legado de Álvaro Gómez nos recuerda que hubo una oportunidad de hacer las cosas distinto… y la dejamos pasar.