Por: @faberriom
"La Ruta de la Seda en revisión: del entusiasmo al escepticismo"
Hace apenas una década, la "Nueva Ruta de la Seda" de China (oficialmente conocida como la Iniciativa de la Franja y la Ruta) se veía como el megaproyecto que cambiaría el mundo. Infraestructura, inversión y promesas de desarrollo atrajeron a más de 140 países a subirse al tren chino. Pero hoy, varios de ellos están bajándose… y no precisamente por voluntad de llegar a destino.
¿Qué pasó? ¿Por qué lo que parecía una oportunidad dorada ahora genera dudas, tensiones y hasta arrepentimiento?
"La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), lanzada por China en 2013, prometía ser el mayor proyecto de infraestructura global del siglo XXI. Sin embargo, más de una década después, algunos países comienzan a reconsiderar su compromiso con este ambicioso plan."
1. Cuando el crédito se convierte en una carga
Una de las grandes apuestas de la Ruta de la Seda fue el financiamiento a gran escala. China ofrecía préstamos para construir puertos, ferrocarriles, autopistas y centrales eléctricas. Pero muchos de estos créditos terminaron siendo más una carga que una ayuda.
Países como Sri Lanka o Zambia se endeudaron tanto que tuvieron que ceder infraestructuras clave o renegociar bajo presión. El famoso "puerto fantasma" de Hambantota en Sri Lanka, ahora controlado por una empresa china, es uno de los símbolos más discutidos de esta trampa financiera.
2. Proyectos que no despegan
Más allá del endeudamiento, muchos proyectos financiados por China no han dado los frutos prometidos. Hay aeropuertos sin vuelos, trenes que nadie usa, autopistas mal conectadas o infraestructuras construidas sin estudios adecuados.
Esto ha generado una sensación de desilusión. ¿De qué sirve una obra monumental si no mejora la vida de la gente ni dinamiza la economía?
3. Gobiernos nuevos, decisiones nuevas
Los cambios de gobierno también han jugado un papel clave. Italia fue el primer país del G7 en retirarse formalmente de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China en 2023, tras una evaluación crítica de los beneficios económicos y la creciente desconfianza hacia Beijing. Otros países, como Malasia y Pakistán, también han revisado o cancelado proyectos vinculados a la BRI, aunque por diferentes razones y en momentos distintos.
"Mientras Italia optó por retirarse, otros países adoptaron enfoques intermedios, como Malasia y Pakistán."
Italia: primer país del G7 en retirarseItalia firmó un memorando de entendimiento con China en 2019, convirtiéndose en el único miembro del G7 en unirse a la BRI. Sin embargo, el entusiasmo inicial se desvaneció rápidamente. El gobierno de Giorgia Meloni, que asumió el poder en 2022, decidió no renovar el acuerdo, citando la falta de beneficios económicos y un creciente déficit comercial con China. El 6 de diciembre de 2023, Italia notificó oficialmente a Beijing su salida del proyecto.Aunque la decisión fue interpretada por algunos como una respuesta a la presión de Estados Unidos, el gobierno italiano ha enfatizado que se trató de una evaluación autónoma basada en los intereses nacionales. Italia continúa buscando relaciones comerciales equilibradas con China, como lo demuestra la visita de Meloni a Beijing en julio de 2024, donde se firmó un plan de acción trienal para fortalecer los lazos comerciales.Malasia: revisiones y cancelacionesMalasia ha tenido una relación compleja con la BRI. En 2018, el gobierno de Mahathir Mohamad canceló varios proyectos de infraestructura financiados por China, como oleoductos y un puerto, debido a preocupaciones sobre la falta de transparencia y el endeudamiento excesivo. Sin embargo, más tarde, Mahathir retomó una postura más favorable hacia la BRI, renegociando algunos proyectos para reducir costos y mejorar las condiciones.Pakistán: reconsideración de proyectosPakistán ha estado involucrado en la BRI a través del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), que incluye proyectos de infraestructura y energía. Aunque no se ha producido una retirada formal, ha habido críticas y preocupaciones internas sobre la sostenibilidad de la deuda y la equidad de los acuerdos. El gobierno paquistaní ha estado revisando algunos proyectos para garantizar que beneficien adecuadamente al país y no agraven su carga financiera.
4. El factor geopolítico: entre China y Occidente
A medida que China crece en influencia, también crecen las tensiones. Estados Unidos y la Unión Europea han comenzado a presionar para que sus aliados no dependan tanto de Pekín. En este juego de equilibrios, muchos países sienten que deben elegir con más cuidado a quién se acercan.
Eso no significa que rechacen a China, pero sí que buscan diversificar sus alianzas y evitar poner todos los huevos en la misma canasta.
5. De la ilusión al escepticismo
“La BRI no es solo sobre construir infraestructura, sino también sobre exportar el modelo de desarrollo chino”, advierte Jonathan Hillman, autor de The Emperor’s New Road. Esta dimensión geoestratégica ha hecho que muchos países empiecen a mirar con mayor cautela sus compromisos con Pekín, especialmente cuando los beneficios económicos no han estado a la altura de las promesas iniciales.
Lo que comenzó como una promesa global de desarrollo hoy se ve con más desconfianza. Algunos países siguen apostando por la BRI, pero muchos otros se han vuelto más selectivos o incluso han optado por dar marcha atrás.
No es necesariamente el fin de la Ruta de la Seda, pero sí el fin de su etapa más idealista y expansiva.
No es necesariamente el fin de la Ruta de la Seda, pero sí el fin de su etapa más idealista y expansiva.
¿Y ahora qué?
El mundo ya no es el mismo que en 2013. La pandemia, las guerras, la crisis climática y las tensiones geopolíticas han obligado a los países a repensar sus estrategias.
Quizás el mayor aprendizaje de todo esto es que el desarrollo no se logra solo con dinero y cemento. Requiere visión de largo plazo, transparencia, inclusión y soberanía real en la toma de decisiones.
¿Puede China adaptar su enfoque?
¿O estamos viendo el principio del fin de su gran ambición global?
La Ruta de la Seda sigue existiendo… pero muchos países se preguntan si el camino propuesto sigue siendo el más adecuado para alcanzar sus objetivos de desarrollo.
Conclusión
La cautela de los nuevos líderes no necesariamente implica una postura anti-China, sino una evaluación más crítica y estratégica de los acuerdos. Italia, Malasia y Pakistán han adoptado enfoques más prudentes hacia la BRI, buscando proteger sus intereses nacionales y evitar dependencias económicas insostenibles.
No es que los nuevos líderes estén necesariamente en contra de China, pero sí son más cautelosos con los términos de los acuerdos.
Fuentes: Reuters, Euronews, Financial Times.
