jueves, 7 de mayo de 2026

La trampa que también celebramos en el fútbol

Para Nicholas, que después de ver la mano de Maradona hizo una de las preguntas más simples y difíciles del fútbol, una pregunta de niño: “¿Por qué la trampa es permitida en el juego?”

La trampa que también celebramos en el fútbol


Introducción

El fútbol se presenta como un juego de reglas claras, donde la justicia debería surgir de lo que ocurre en el campo. Sin embargo, la historia del deporte muestra algo más complejo: decisiones polémicas, interpretaciones arbitrales y acciones irregulares que, con el tiempo, no solo se aceptan, sino que incluso se integran en el relato colectivo. Esta tensión entre lo reglamentario y lo narrativo no es una excepción, sino una constante. Y entenderla permite ver el fútbol no solo como competencia, sino como construcción cultural.

Bechir Lachiheb - Pexels

Cuando la regla depende de la mirada

A diferencia de otros sistemas más cerrados, el fútbol siempre ha dependido de la interpretación humana. Incluso con la llegada del VAR, la decisión final sigue pasando por un criterio: el contacto se evalúa, la intención se discute, la jugada se interpreta en tiempo real.

Durante décadas, esa subjetividad fue total. En ese contexto, el error no es solo una desviación del reglamento, sino también un punto de partida para la construcción de relato. Lo que ocurre en segundos puede redefinir partidos, torneos e incluso la memoria del deporte.

Casos que el fútbol nunca termina de cerrar

Algunas jugadas trascienden el partido en el que ocurren y se convierten en símbolos permanentes de esa ambigüedad.

El gol con la mano de Diego Maradona en el Mundial de 1986 es probablemente el ejemplo más citado. Una infracción evidente que no fue sancionada en su momento y que terminó ocupando un lugar central en la historia del fútbol, oscilando entre la crítica y la admiración.

Otro caso histórico es la final del Mundial de 1966, donde un gol de Inglaterra frente a Alemania Occidental fue concedido en una jugada cuya validez generó décadas de debate. La decisión fue definitiva en el marcador, pero nunca cerró la discusión sobre lo ocurrido.

También hay episodios más recientes que muestran que la ambigüedad no ha desaparecido. La acción de Thierry Henry en la clasificación al Mundial de 2010, donde una mano no sancionada derivó en gol decisivo, reabrió el debate sobre la frontera entre error arbitral y resultado deportivo.

También persisten controversias que exceden una jugada específica y alcanzan al contexto político del deporte. En el Mundial de Argentina 1978, la victoria de Argentina por 6-0 frente a Perú en la segunda fase quedó rodeada de sospechas y especulaciones debido al resultado necesario para clasificar a la final y al contexto de la dictadura militar argentina. Aunque nunca se comprobó oficialmente un arreglo, el partido continúa siendo uno de los episodios más discutidos en la historia de los Mundiales.

El fútbol moderno: tecnología, revisión y nuevas formas de controversia

La incorporación del VAR buscó reducir la incertidumbre. Sin embargo, no eliminó la discusión, solo la transformó.

En el Mundial de Qatar 2022, varias decisiones arbitrales en partidos decisivos de la selección de Argentina fueron revisadas y confirmadas bajo el reglamento vigente, especialmente en situaciones dentro del área. Aun así, esas jugadas generaron interpretaciones divergentes en la opinión pública, lo que evidencia un punto clave: incluso con tecnología, el fútbol sigue dependiendo de decisiones interpretativas en zonas grises.

La diferencia con el pasado no es la desaparición del debate, sino su sofisticación.

La cultura de la “picardía” y la normalización del límite

En el fútbol existe un lenguaje propio para hablar de estas zonas ambiguas. Términos como “viveza” o “picardía” funcionan como marcos culturales que suavizan la percepción de ciertas acciones.

Lo que en un reglamento aparece como infracción, en el relato puede convertirse en inteligencia competitiva. Y ese desplazamiento es fundamental: no todas las reglas se discuten igual cuando el resultado ya está definido.

El fútbol no solo sanciona acciones; también las reinterpreta según su impacto narrativo.

Conclusión

“La trampa que también celebramos en el fútbol” no plantea que el deporte sea injusto por naturaleza, sino que revela una tensión estructural difícil de resolver: la distancia entre lo que las reglas definen y lo que la memoria colectiva decide conservar.

Desde los debates del Mundial de 1966 hasta las interpretaciones del VAR en Qatar 2022, el fútbol muestra que su historia no está hecha solo de decisiones correctas o incorrectas, sino de decisiones interpretadas. Y quizá ahí reside una de sus paradojas más profundas: que lo más recordado no siempre es lo más reglamentario, sino lo más narrativo.

Pero que el fútbol recuerde estas acciones no significa que las apruebe. La memoria del deporte no es un sistema de validación moral, sino un archivo de lo que lo marcó. La trampa puede quedar en la historia, incluso ser celebrada por algunos, pero sigue siendo una ruptura del acuerdo básico que hace posible el juego. Y quizá la pregunta de Nicholas siga siendo la más honesta de todas: si el fútbol existe porque hay reglas, ¿Qué significa cuando aceptamos romperlas?