sábado, 28 de febrero de 2026

Neutralidad no es objetividad: el mito del periodismo imparcial

Por: faberriom

Neutralidad no es objetividad: el mito del periodismo imparcial


En una democracia, los medios de comunicación deberían ser el contrapeso al poder. Sin embargo, en la práctica, muchos terminan desempeñando un rol que, a veces, refuerza el status quo. ¿Cómo ocurre esto? En parte, por la persistente creencia de que la neutralidad es sinónimo de objetividad.

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La objetividad es, sin duda, un valor fundamental del periodismo, y muchos periodistas se esfuerzan día a día por mantenerla. Se asume que el periodista debe ser un observador desapasionado, sin opinión ni ideología, dedicado únicamente a "informar los hechos". Este ideal, sin embargo, enfrenta un desafío importante: no existe el lenguaje neutro, ni el enfoque sin perspectiva.

Cada acto comunicativo, desde la elección de una palabra hasta el ángulo de una fotografía, implica una toma de posición, consciente o no. ¿Qué se cubre y qué se omite? ¿A quién se cita primero? ¿Qué cifras se destacan y cuáles se dejan de lado? ¿Qué términos se utilizan para describir una acción o nombrar a un actor? Todas estas decisiones, muchas veces sutiles, configuran el relato y, por ende, la percepción pública.

Presentar dos “lados” de un conflicto no garantiza equilibrio. En ocasiones, implica igualar discursos desiguales en legitimidad o evidencia. Decir, por ejemplo, que “hay distintas versiones” sobre hechos verificables no es simplemente informar: puede terminar confundiendo al público.

El concepto de neutralidad puede ser útil, pero también tiene sus riesgos. Al no tomar una postura clara, o al intentar equilibrar todo de manera estricta, se corre el riesgo de no abordar las injusticias de manera profunda, contribuyendo, de forma involuntaria, a reforzar el status quo. Este enfoque, cuando se lleva al extremo, puede terminar invisibilizando temas urgentes y desinformando, incluso si la intención es la de ser imparcial.

Es fundamental que el periodismo se mantenga comprometido con la verdad, no con la falsa equivalencia. Un periodismo que no tema señalar el poder, contextualizar los hechos y, sobre todo, nombrar las responsabilidades. Esto no es militancia ni propaganda. Es responsabilidad democrática.

En este blog, no buscamos promover una neutralidad vacía. Nos interesa la honestidad intelectual: declarar desde dónde se mira, qué se prioriza y por qué. Porque no se trata de opinar por opinar, sino de analizar con la conciencia de que cada palabra tiene peso, cada omisión tiene costo y cada discurso, incluido este, es también una forma de intervenir en la realidad.

La objetividad no debe ser una excusa para el silencio. Debe ser un compromiso con la verdad, que reconozca sus límites y enfrente sus responsabilidades.